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Maestr@ Espiritual

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Maestr@ Espiritual
(Elementos para su apreciación, pautas de reconocimiento y entrega)
Publicado por el HMR Rafel Alcaz en la Comunidad Internacionla de Reiki Dragon Rojo


*** Una obra artística (pictórica, literaria, escénica o musical, entre otras) merece ser apreciada en su plenitud estética. Sin embargo, no todas las almas hemos desarrollado las cualidades y capacidades (sutilidad de espíritu + percepción de la realidad) para hacerlo con propiedad. Lo que a muchos se les antoja materia de sentido común, puede en principio ser un prerrequisito cumplimentado por un proceso evolucionario (talento nato, ciencia infusa), una feliz conjunción de herencia y medio ambiente cuyas bases se forjan dentro de un periodo crítico (estimulación y educación tempranas), pero también puede ser inculcada y (re)educada —si las condiciones y voluntades lo permiten— en cualquier punto de la biografía.
*** La cuestión previa aplica a la 'maestría espiritual' como objeto de apreciación, tanto si se la enfoca como categoría de la esfera noética cuanto si se la ve en sus personificaciones histórico-biográficas.
*** Recuerdo una reunión, no precisamente escolástica, en la que surgió de repente la cuestión de los Maestros Espirituales y donde una de las asistentes, con mucha emoción y convicción, aunque sin caer en el proselitismo, compartía sus vivencias subjetivas y 'transpersonales' en el marco de la relación maestr@-discípul@. Algunos la miraban como hipnotizados por su ardor, contemporizando con lo dicho de pausa a pausa, ya por convicción, por compromiso, o por vacío mental (?!). Otros entrecruzaban las miradas y las sonrisas como diciendo: "a ésta, ¿qué le pasa?", "¿de dónde salió?". No faltó quien afirmara que en estos tiempos ya no estamos para maestros, o que todos podemos ser maestros de todos, o que tenemos que secularizar la figura del maestro (espiritual) tradicional y confiar más en nuestro propio juicio. Porque —seguía— los maestros crean dependencia, actividad sectaria, alienación y decepción (particularmente, cuando por inconsecuencia con su prédica, se caen).
*** Y llovieron a cántaros las imágenes, las opiniones y las anécdotas. Al Maestro lo vimos en perspectiva como el Dios Viviente (o su representante) que viene a liberar; o el Mago —Taumaturgo y Sabio— que logra imponer un orden en un fifty-fifty de persuasión y sugestión. Más modestamente, como un profesional especializado en terapias del alma (en paridad con los sacerdotes, filósofos y psicólogos). Alguien que se puso exquisito afirmó tener contacto con maestros ascendidos (y sus mensajes trascendentales) y que éstos eran preferibles a los maestros de carne y hueso. Hubo quien pujando por no quedarse atrás planteó el tema de los maestros extraterrestres y sus contactados. No faltaron alusiones a los 'Maestros - no maestros' (Krishnamurti, Osho), al "viejito del templo" que ya fue... y que se quejaba de que sus seguidores no reconocían su maestría. Por último, los maestros que humildemente se cubren y los que no lo son(!) pero que se erigen de tales (¡y con gran audiencia!).
*** No recuerdo haber tenido otra sesión tan encendida como aquella, donde a fin de cuentas el péndulo iba y retornaba entre el crístico "Nadie viene al Padre sino por Mí. ¡Sígueme!" y el mariangélico "No camines delante de mí, puedo no seguirte. No camines detrás de mí, puedo no guiarte. Camina al lado mío y simplemente sé mi amigo".
*** Si se nos pidiera un balance de esta experiencia particular (admitiendo de entrada el institucional sesgo judicativo —N. del A.), aún reconociendo que no se llegó a otra cosa que poner en evidencia: (a).- las pasiones humanas, (b).- la insuficiencia de los pasatiempos intelectuales en materia espiritual, de la mano de (c).- su pobreza (por lo menos a corto plazo) en realizaciones y (d).- verificar por enésima vez cómo las diferencias de percepción, cuando se está mal ubicado en el espíritu del ejercicio, pueden terminar en enemistad, afirmaría que no debemos renunciar a la entrada dialéctico-discursiva: no por lo menos si no nos asiste la intuición espiritual.

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*** Reflexionando a la distancia sobre las anteriores ocurrencias y sus sucedáneas, caemos en cuenta que al Maestro Espiritual se aproximan(sin que lo que sigue pretenda fungir de relación exhaustiva y excluyente): a).- el público lego (el curioso ocasional o profesional, el necesitado, el comerciante, el detractor), b).- el investigador (filósofo, teólogo, antropólogo, terapeuta), c).- el buscador (aspirante, discípulo, discípulo de otros maestros, exdiscípulo maduro y/o detractor) y d).- otros Maestros. Cada quien portando sus demandas, cada quien sus razones y alcances al enfocar el tema de la maestría espiritual, y con respecto a los cuales debemos aprender a diferenciar, relacionar, justiponderar aspectos; ubicarnos equidistantemente y movilizarnos sistemáticamente de encuadre a encuadre.

Por Maestro Espiritual entendemos acá:
• Un alma que ha alcanzado plena realización (o está muy avanzada en el sendero) con el reconocimiento oratorial del Logos (vg. Samadhi, Nirvana, Turiya), otras maestrías o jerarquías.
• Que ha tenido (y tiene) una entrega intachable como y cuando discipulo, que le confiere autoridad para asumir/guiar el proceso de otras almas.
• Que es el epítome viviente del silencio, el servicio y la palabra (en ese orden) de una tradición espiritual y funda su condición y enseñaza en ella (por encargo de su Maestro).
• Que goza del reconocimiento-aceptación del discipulado y la comunidad como tal en virtud de su trayectoria en la orientación, educación y sostenimiento de otros en el proceso espiritual.
*** Siendo nuestra labor estrictamente orientadora y propedéutica, y estando más familiarizados con el intercambio académico-espiritual en el entorno del yoga, nos permitimos alcanzar las siguientes apreciaciones elementales sobre la maestría y la construcción de la relación maestro-discípulo. El discurso está dirigido a un buscador mercurial novel o al que atraviesa por la fase de transmutación del pensamiento crítico en discernimiento espiritual. Tómese, pues, no como una fórmula prescriptiva y perentoria sino como un planteamiento preliminar.


Maestr@
Eres:
Una Presencia.
*** El discípulo siente los ojos de su Maestro, Su Respiración, Su Realización, Su Sabiduría, Su Santidad en cada episodio de la convivencia. Estas características balsámicas crearán la atmósfera para el particular crecimiento de carácter, intelectual, ético, espiritual, etcétera del primero. Es un tema sutil que nada tiene que ver con las relaciones de intromisión o dominancia-dependencia que se estilan en los entornos sectarios.
*** El debate metodosófico (1*) gira en torno a la naturaleza de los maestros (maestros de 'carne y hueso', 'maestros ascendidos', 'maestro interior',etc.), sus marcas (fisiognómicas, gestuales, áuricas, arquetípicas o astrológicas, de orden espiritual, etc.) y el alcance de su irradiación e ingerencia.

Una Potencia.
*** La Maestría es la realización de un Silencio. Un Maestro genuino tiene facilidad para accesar en un arrebato o intencionalmente a estados existenciales especiales de la conciencia (Samadhi, por antonomasia), amén de la profundidad filosófica que le asiste naturalmente en sus enseñanzas y decisiones cotidianas. Con estos valores el Maestro se vuelve un Gran Realizador de Utopías.

Una Autoridad.
*** La autoridad de la Maestría procede de cuatro fuentes: (1).- El Logos, (2).- una Tradición (donde se halla la fuente de la enseñanza y el encargo y emponderamiento magisterial por el preceptor), (3).- la propia trayectoria discipular exitosa y (4).- un reconocimiento de su maestría por los discípulos. En relación con (3) conviene apuntar que, normalmente, quien discípulo no ha sido, quizás pueda ser instructor pero no Maestro Espiritual.
*** La Autoridad del Maestro puede permitirle interpretar una enseñanza X en el espíritu, más allá de la literalidad, en circunstancias de ambigüedad, equivocidad o multivocidad, sin perjuicio de la tradición de que se trate y/o de los canales corrientes de exégesis e investigación. Finalmente, la autoridad del Maestro tiene que ver con la ejecución de ciertas tareas y la impartición de iniciaciones y encargos.

Una Conexión.
*** El Maestro es la conexión autorizada de los discípulos con un Proyecto cosmo-histórico (Tradición, Escuela, Linaje). Alternativamente, con otros niveles no ordinarios de conciencia-existencia. El debate metodosófico gira en torno al rol del Maestro como facilitador relativo (ventaja estratégica) del ascenso espiritual o como una necesidad (condición sine qua non). Este tema es sensible en relación con la ingerencia de los instructores, la apelación a la autodidaxia en la asimilación de sistemas o técnicas, y finalmente, la autosuficiencia de un sujeto X para acceder sin mediadores a un nivel de realización.

Un(a) Preceptor(a).
*** El Maestro es un Disipador de Tinieblas. A su ser corresponde impartir enseñanzas y esclarecer a los aspirantes en sus necesidades tanto espirituales como existenciales, apelando a los mejores recursos del repertorio del alma demandante y al plus de la Oratoria. Esto no se consigue con meras fórmulas de catecismo ni con las exquisiteces de la especulación intelectual, sino como expresión de la altura que su realización le confiere.

Un(a) Modelo.
*** El discípulo, sin perjuicio de su individualidad y estilos particulares, introyecta las cualidades del maestro, las experiencias con su maestro como vía de realización.

Un(a) Servidor(a).
*** Un Maestro tiene muy claro que no está para ser servido sino para servir. Las responsabilidades que le gravan (el proceso alquímico discipular y la vida de una tradición) exceden las de cualquier hombre o mujer corrientes.

Un(a) Benefactor(a).
*** El Maestro puede asumir —incluso a costa de su propia salud— parte del Karma de sus discípulos, facilitando o catalizando de este modo el desarrollo de estos últimos.

Un(a) Discípul@ de Maestr@s.
*** Toda Maestría es, en último término, un Discipulado de un rango mayor, pudiendo su gestión ser exitosa o no.

Un(a) Alumn@ de l@s Discípul@s.
*** El Maestro percibe en cada alma y en cada discípulo una auspiciosa oportunidad de aprendizaje y afianzamiento de su Maestría; donde, el crecimiento espiritual del discípulo es una nueva realización para él. Quien (S1) sólo se ponga en posición de enseñar y no de aprender de otra alma (S2), aún en el dominio de su (S1) experticia, no tiene la altura de Maestro.
*** De otro lado, si bien abundan 'discípulos' que llegado un tiempo pretenden exceder a sus Maestros (un soberano acto de soberbia), también existe la dialéctica del Maestro que se hace discípulo de sus discípulos (un acto de humildad); porque, a fin de cuentas, el servicio del Maestro consiste en catapultar y reverenciar intensidades.

No Eres:
Una Posición Fija.
*** No pocos los casos de pretendidos maestros o maestros de incompleta realización que han caído en su ministerio, a veces de modo irrecuperable (¿En qué circunstancias se hicieron maestros o bajo que riesgos coyunturalmente asumidos por una Maestría genuina?, cabe preguntarse —N. del A.). Pero un Maestro realizado tampoco está libre de caer. En estos últimos casos las causales no suelen ser tan burdas. Ay del Maestro que crea que tiene consigo la Maestría asegurada o que se irrogue más atribuciones de las que le corresponde. La Maestría es una bendición y una responsabilidad.

Un Silencio Infalible.
***Aun cuando se espera de los Maestros una amplitud de criterio y profundo discernimiento en temas espirituales como temporales, éstos no están libres de errar en sus apreciaciones y decisiones. Esta consideración minimalista con frecuencia es olvidada por algunos discípulos, quienes incurren en la falacia del Guru dixit (apelación a la autoridad) para luego, llegado su tiempo, hacer duelo de las secuelas de su idealismo.

Un Disfrutador.
*** En algunos contextos (un tema cultural), la posición de "Maestro" va acompañada de un tratamiento especial (vg. ceremonialidad, veneración, latría, asistencia, etc.) y diversas atribuciones que, empero bien ganados, si el perfil de maestría no está suficientemente cuajado en el portador, podrían relajar su temperatura espiritual, cargarlo de orgullo, tornarle descuidado o negligente (abuso de poder) para con sus compromisos trascendentales. La Maestría es tanto una bendición cuanto una gravosa responsabilidad. Su sostenibilidad es un desafío.

Un exhibidor de Portentos.
*** No es signo de Maestría ponerse exquisito con la exhibición de milagros. La apelación a fenómenos extraordinarios o anómalos es un recurso psicagógico discreto para ilustrar la supremacía de la conciencia sobre las restricciones de lo material y no un tema de proselitismo. Menos, un objeto de mercadeo. Lo mismo puede señalarse de la exhibición de austeridades (faquirismo, santurronería, grados iniciáticos) y la propalación de enseñanzas esotéricas y juegos ocultistas de lo más pintorescos, que no contribuyen a otra cosa que al fetiche, la superstición y la alienación.
*** Los maestros no practican ni estimulan el esoterismo-ocultismo como pasatiempo y, en caso de tolerarlo, exigen su articulación orgánica con un programa evolucionario.
*** Nota: Llegado su tiempo, incluso respetables ramas del saber otrora estimuladas o toleradas (vg. astrología, rituales tántricos, etc.) pueden ser vetadas por una Maestría en el programa de un discípulo si ésta las juzgase interferentes al ascenso.


***El inicio real de un recorrido espiritual es la entrega a una Maestría y una Tradición.
La entrega a una Tradición y a una Maestría no es un trámite más que emprende un(a) peregrino(a) en pos del verdadero yoga (el yoga espiritual), sino quizás el hito más importante (sentido de pertenencia) de su recorrido; por eso es conveniente tener en cuenta los siguientes puntos:
1.- La formación en Yoga tiene ubicación y condicionamiento temporal.
*** Hay propuestas que condicionan la instrucción y prácticas psicofísicas a compromiso doctrinario, metafísico e institucional. Para sus cultores, es el practicante quien debe adaptarse al sistema (vg. Yoga) y no al revés. Por otro lado, existen propuestas que deslindan los aspectos técnicos de los religiosos, los filosóficos del sistema. Para ellas, éste (vg. Yoga) debe adaptarse a los requerimientos del practicante y no al revés. Finalmente, tenemos propuestas que apelan al principio de complementariedad. Cada uno de estos enfoques tiene sus ventajas y desventajas, atractivos y riesgos (a los ojos de sus cultores, investigadores y usuarios potenciales), así como su público.
*** Lo anterior encuentra su razón parahistórica en el despliegue de las edades cósmicas (particularmente, padecemos los efectos distorsionantes de Kali Yuga) e histórica, en la evolución (y la transición) del pensamiento en las Sociedades Tradicionales y Modernas; donde las primeras tienden a ordenar la religión, la política, la ciencia, el arte como un todo sincrético, armónico. Mientras que para las otras se trata de caminos independientes, con sus propias lógicas, cuya euritmia es un caso límite. Un paralelo de esta última visión lo encontramos en la política, en los estados modernos que tienden al laicismo donde, por un factor de gobernabilidad y armonía, sus altos magistrados renuncian a sustentar una verdad fundamental y apriori.
2.- El Yoga goza de las notas de pluriaspectualidad y plasticidad.
*** La práctica Yoga ha inspirado movimientos religiosos, filosóficos, científicos, ocultistas, deportivos, terapéuticos, etcétera los mismos que vienen evolucionado en instituciones y redes con su correspondiente complejidad. Existen muchos puntos de articulación posibles de un individuo con esta disciplina como puentes entre un nodo y otro. Nadie puede, pues, apropiarse del Yoga ni interferir en una práctica.
*** Cada tradición, institución o proyecto empero es libre de aplicar sus estándares y evaluar a partir de ellos la entrega y rendimiento de un practicante o instructor. Igualmente, reservarse el derecho de admisión basado en prerrequisitos.
3.- Los cultores del Yoga, asociados y derivados son de diferentes órdenes.
*** La figura del Maestro es tradicional, está vinculada a una enseñanza espiritual soteriológica y sujeta a estrictos estándares. Los instructores (*) hacen eco del anterior y suelen desempeñar un rol técnico-profesional. Pueden tener una relación orgánica (discipular, asistente) o una no vinculante (técnico, estudiante libre) con las escuelas, maestrías y jerarquías yóguicas. En similar moda, los investigadores. Es deseable que los instructores certifiquen experticia en los sistemas y técnicas (vg. estilo de hatha yoga, yogoterapia, ayurveda, etc.) de su performance profesional.
(*) El instructorado en yoga y las profesiones basadas en yoga tienen varios niveles de experticia abiertos al oficiante y pueden conducir a una maestría técnica. Finalmente, pueden ampliarse al nivel espiritual por la gracia de un Maestro.
4.- La disposición de un Maestro no es un don gratuito sino que se basa en la construcción transaccional de la relación Maestro-discípulo.
*** No siempre se dispone de la guía de un Maestro. Pero más perjudicial que la falta de Maestro puede ser la ansiedad por el Maestro (máxime si alimentada por la estereotipia). El aspirante puede iniciar su peregrinaje autodidácticamente a través de la lectura crítica y la práctica discreta; con la orientación de instructores e investigadores; asistir a las escuelas y evaluar su intensidad (y adaptación) en ellas. En este periplo habrá definido si su vocación queda en lo mundano (el deseo de pasatiempos y experiencias exóticas), lo autoterapéutico (superación de sus problemas emocionales y de salud), lo técnico y profesional (construcción de una experticia proyectiva), o avanza prevalentemente hacia/en lo espiritual.
*** El peregrinaje en pos de un Maestro pasa lógicamente por siete etapas: 1.- La búsqueda de un Maestro (prolegómeno vocacional), 2.- el contacto (encuentro) con un Maestro, 3.- el reconocimiento (acto psicoepistemológico de insight) de una Maestría, 4.- la mutua aceptación entre Maestro-discípulo, 5.- la pedagogía espiritual en el marco E-R-O (2*) correspondiente, 6.- la consolidación de la relación y 7.- el ejercicio misional de un encargo. Estas etapas no son necesariamente secuenciales y cancelativas, no necesariamente se concretan a su tiempo ('curso a cargo') y cada una muestra variaciones en el protagonismo de las dos partes de la relación.
5.- Un Maestro no es aproximadamente equivalente a otro Maestro.-
*** Los diferencian, por cierto, además de la Personalidad y los Estilos de Magisterio, las Tradiciones y Linajes que los soportan, los Grados de Maestría (intensidad) y los Encargos Oratoriales.
6.- Sin embargo, entre Maestros y Sistemas existe cooperación (comunalidad y solidaridad).-
***Se ha observado en algunos estudiantes —e incluso instructores— un chauvinismo (celo) por sus Maestros, sistemas y técnicas basados en sus bondades comparativas, sus diferencias doctrinarias, etc., que a veces raya en el despectivismo o la animadversión hacia un referente alternativo. Si bien en todo sistema hay puntos no negociables (tema sensible y complicado para un laico), los deslindes se hacen a nivel metodosófico, metodopráctico o metodológico con la altura y criterios correspondientes de estos fueros. El Yoga es uno y se valora en principio no por su teorética o su técnica, sino por su visión y contribución al objetivo final (el perfil perseguido), debiendo satisfacer principios y estándares; entre ellos, el primero: Ahimsa - No Violencia - No Dañar.
*** Los Maestros en cuanto Oradores están por encima de las pasiones humanas, y los enfrentamientos retóricos; y otro tanto deberían los discípulos. Otra cosa es perder Intensidad.
7.- Un Maestro y una Tradición son recursivamente amplios para ajustarse a la extensa y diversa demanda discipular.-
*** La versatilidad de los Maestros en el manejo de lo general, lo particular y lo individual permite ajustar su enseñanza a los requerimientos de un amplio espectro de estudiantes y discípulos.
8.- Sin embargo, un Maestro (y una Tradición) no necesariamente conviene a todo tipo de Aspirante (y viceversa).-
*** Existe la proclividad (una dislectura de [7]) en algunos aspirantes de querer restringir al Maestro a los propios estándares, restando con ello el efecto evolucionario de la relación Maestro-Discípulo. Existe empero casos en los que cierto karma/dharma justifica la orientación del aspirante hacia una tradición y/o Maestría con preferencia a otra (elección que puede exceder el entorno yóguico convencional). Esto que lógicamente es asimilable, en la práctica puede ser muy difícil de definir por parte del interesado. Pero los Maestros gozan de preclaridad en este aspecto.
9.- La oferta espiritual no es un paquete para ser tomado ligeramente.-
*** Las escuelas suelen tener elementos doctrinarios (hindú, chino, japonés, persa, gnóstico, etc.) que suponen la progresiva resemantización y reaxiologización del mundo por parte de los estudiantes y el consiguiente choque intercultural. En tales circunstancias (especialmente en condiciones de internado) es muy fácil sugerir actividad sectaria, lavados de cerebro, etc. cuando no la hay (error de percepción tipo II) u ocultarla o negarla cuando sí ha tenido lugar (error tipo I).
*** Es innegable que existen pseudo instituciones espirituales de las que se puede esperar cualquier cosa. Es probable que puedan surgir patologías psico-espirituales (vg. activación disfuncional de chakras, emergencia prematura de la kundalini, etc.) o casos aislados de abuso de poder en organizaciones genuinas que, una vez detectados, tienden a ser explotados por intereses constituidos bajo las figuras 'falacia de atribución' (vg. filiación demoniaca), 'generalización apresurada', etc.
*** Las instituciones espirituales (de cualquier orden) tienen sus dignatarios, oficiales, maestros, instructores formalmente establecidos y profesionalmente capacitados al servicio de una Misión. Se espera de éstos estar a la altura de sus encargos, y dada la prevalencia de escenarios anómalos, es deseable la prevención institucional, la actitud vigilante por parte de los Maestros y de los mismos discípulos y ante un eventual episodio, la toma de medidas correctivas inmediatas.
*** Visto lo anterior, decisiones sobre dónde instruirse, con quién(es), en qué momento, bajo qué modalidad, hasta qué nivel, con qué tolerancia, etc. deben ser hechas con mucha información, autonomía y madurez.
*** Recuerda: Nadie puede asegurar que en una institución espiritual (aún genuina) el estudiante pueda crecer. Depende de su madurez.
10.- No es una decisión emotivista.-
*** La entrega a una tradición espiritual y una maestría generalmente es una construcción por etapas en las que un buscador se ha preparado física, intelectual, éticamente y en su recorrido encuentra un ícono y una avenida que satisface sus expectativas, y que naturalmente desea profundizar. Pero también puede motivarla la curiosidad, el pasatiempo, el deseo de una salida mágica de las particulares circunstancias (hogares en riesgo, padecimientos de salud, etc.) o una decisión emotivista, jalonados por la moda, la publicidad, la coerción de terceros o la imaginería descontrolada.
*** Las escuelas nos prestan parte de su intensidad y se prestan parte de la nuestra para el cumplimiento de su encargo. Si bien es habitual que asuman parcialmente el pasivo del aspirante, optimicen sus potenciales y contribuyan a su reconfiguración gestáltica (el modo cómo percibe el mundo y las trampas que se autoinflige) la lógica no termina acá. Consideramos higiénico que el postulante cuente con que el recorrido espiritual no es un paseo y que en él prevalezca el espíritu del 'qué puedo dar' (ofrenda) sobre el 'que puedo obtener' (recepción).
11.- La Maestría necesita ser realizada por el potencial discípulo.-
*** En una cultura nutrida por el pensamiento crítico, una Maestría no se asume por descontado. Ésta amerita ser reconocida (realizada) por el potencial discípulo quien, a falta de discernimiento (intuición) espiritual, investiga al Maestro desde su Tradición, astrológicamente, desde su biografía, sus antecedentes y performance. Está al tanto de cada criterio y cada respuesta. En ocasiones, el Maestro es desafiado (el desafío al Maestro es en realidad un desafío del discípulo a sí mismo). Cuando estos procesos psico-epistemológicos se efectúan con honestidad, humildemente, con buena voluntad y en una atmósfera de oración y meditación, la gracia del Maestro (Oratoria) asiste al buscador.
*** ***La nacionalidad del maestro, sus rasgos étnicos, atuendo físico, su forma de hablar, cantar, carisma etc., la pleitesía que se le dispensa, la extensión misma de sus conocimientos y los milagros que se le atribuyen. con todo lo impactantes que puedan ser, son factores poco relevantes para determinar su estatura. Tenemos que acostumbrarnos a percibir la Maestría en la altura de la enseñanza (tensividad entre la letra y el espíritu), la encarnación de los valores (coherencia y consecuencia), la autorrealización divina (el Samadhi, cuyo indicador más relevante es la imperturbable y contagiante paz), la sabiduría en la toma de decisiones, la calidad de discípulos que ofrenda al mundo, las grandes obras para el presente y la posteridad. Otrosí: Si lo anterior no basta, el Maestro encontrará la forma y el momento oportuno para revelar oratorialmente al demandante su ecceidad.
*** Habitualmente el discípulo llega a reconocer y reverenciar la maestría de su propio gurú, pero es ciego o subestima la de otro (lo que sería lamentable en caso de tratarse de un expediente genuino). A pesar de que no tiene una relación vinculante con otras maestrías, sería deseable que moldeara su actitud en base a lo sostenido en (5) y (6).
12.- El Maestro necesita ser atendido.-
*** El discípulo se debe a su Maestro(a) y lo cumplimenta a través del servicio. Las formas de servicio difieren de Oriente a Occidente y según la cultura institucional. Pero en última instancia es la sensatez del discípulo, su sutilidad de espíritu y percepción de la realidad lo que define la forma ideal de servicio.

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